Giancarlo Ibarguen S.
Universidad Francisco Marroquín
Guatemala
Fue una pesadilla grave y continua para un niño de apenas seis años de edad. Perdió a su querida madre en medio del océano. Dos días y dos noches interminables en aguas infestadas por tiburones. Por buena fortuna la pesadilla finaliza cuando un pescador rescata en alta mar al niño Elián González el día 25 de noviembre de 1999. Ese mismo día los norteamericanos celebraban su Acción de Gracias (Thanksgiving). Pero ¿será que ha terminado la pesadilla de Elián? ¿Será que Elián podrá celebrar también algún día de Acción de Gracias en libertad?
La madre de Elián dio su vida por brindarle a su hijo un futuro en libertad. La imprudente decisión – otra más de una larga lista de errores de palabra, obra y omisión – de la fiscal general de los EE.UU., Janet Reno, aumenta las posibilidades de que Elián pierda su preciada libertad. Si las autoridades del gobierno federal de los EEUU deciden que regrese a Cuba, la madre de Elián perdió su vida en vano y Elián perderá su libertad en seco.
La ley de los EEUU no dice que Elián debe necesariamente regresar a su padre. Caso contrario ¿cómo explicar que el gobierno de Clinton se opuso en un principio que Elián regresara a Cuba? ¿Y de qué cuenta está involucrado el Departamento de Estado de los EEUU en este asunto? Todo apunta a que el proceso “legal” de extradición del niño es más un juego sucio y político de Castro y Clinton que un proceso conforme al estado de derecho.
Por otro lado, me parece injusto e incorrecto el proceso llevado en el Juzgado Familiar de la Florida y que resuelve devolver al niño bajo la potestad de su padre. Este juicio es improcedente, inconsecuente. En los EEUU – como en la mayoría de los países – la patria potestad significa que los padres de familia tienen la autoridad sobre sus hijos menores. Pero existen excepciones. Cuba es una de las pocas y lamentables excepciones. En Cuba la patria potestad es dominio del Estado y no de los padres. Así que el Juzgado Familiar emite un juicio contradictorio al “entregar el niño a su padre”. En realidad el Juzgado entregó el niño al Estado de Cuba – léase Castro- pues el padre de Elián no tiene potestad sobre su hijo. Triste realidad; triste títere de Castro el padre de Elián.
En Cuba no existe por derecho la institución de la familia. El mismo Código de la Niñez y la Juventud de dicho país hace añicos la familia cubana. Esto es consistente con la teoría y la praxis marxista, cruz y religión de Castro. Es muy diferente la filosofía liberal que reconoce a la familia como el centro de enseñanza de los valores morales y conocimientos primarios, así como del cuidado y resguardo de los menores. Por ello, para un liberal, resulta ofensiva y controvertida la interferencia del gobierno en la familia – peor aún la abrogación de la auténtica patria potestad. Para un liberal es crucial la separación de la familia y el estado. Esto es anatema para un comunista como Castro.
Las autoridades del gobierno de Clinton deben reconocer que vivir en Cuba es – parafraseando a Proudhon – “ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, censurado… y luego, a la menor resistencia, a la primer palabra de queja, el cubano es reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, fusilado, ametrallado, sacrificado, traicionado, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado”. Eso es vivir en Cuba. Ese es el futuro que le depara a Elián si regresa a su país natal, un futuro sin libertad.
Si Elián regresa a su país natal, la pesadilla de Elián
no termina. Más bien la pesadilla de Elián sigue y
sigue mientras Castro y el comunismo dirijan el destino de Cuba.
El gobierno de Clinton debe retractarse y usar todos los medios legales
a su alcance para que Elián permanezca en los EEUU. Un padre libre
y responsable elegiría libertad para Elián.