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Miércoles de Ceniza
Arranca el camino hacia la Pascua
Por: Luz Adriana Lozada
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Cuando el mundo y especialmente Colombia vive una oleada de terrorismo, violaciones a los derechos humanos, secuestros, asesinatos, asaltos e indiferencia ante el sufrimiento humano y una extremada pobreza, Jesús con su paciencia infinita da al hombre una oportunidad, regala un tiempo para reflexionar, para cambiar.
Pero cambiar qué? Pues, todo aquello que daña el corazón humano, todas las actitudes que permiten al hombre destruir la convivencia y la tranquilidad de la comunidad.
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Jesús conoce el sufrimiento de todos los colombianos, de hombres y mujeres, de niños y niñas que han vivido en carne propia los estragos de la violencia, por lo tanto, su deseo es que cada colombiano sin excepción alguna, renueve su corazón, crean en El y se conviertan.
La Ceniza un gesto de conversión.
Esta oportunidad que nos regala Jesús abarca todo el año. Los 365 días son para que cada ser humano en su intimidad con Dios se renueve y remedie sus errores. Pero existe para los cristianos un signo que comunica con facilidad su mensaje de humildad y de conversión. Este signo es la Ceniza, que enmarca el camino hacia el tiempo de cuaresma. La Ceniza nos invitan a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión, antes de emprender el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel, de San Pablo y del mismo Jesús, nos recuerda la meta que hemos de alcanzar, los medios que debemos utilizar y el espíritu con que hemos de caminar.
¿Por qué miércoles?
Cuando en el siglo IV se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días, ésta comenzaba seis semanas antes de Pascua. Por tanto, un domingo llamado, precisamente, domingo de cuadragésima.
Pero en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en día de domingo por ser día de fiesta, la celebración del Día del Señor. ¿Cómo hacer para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno? Corrieron el comienzo de la Cuaresma el miércoles previo al primer domingo. (Si uno cuenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo y le resta los seis domingos, le dará exactamente cuarenta).
La Iglesia sigue esta arraigada costumbre del pueblo cristiano y comienza la Cuaresma el miércoles de Ceniza.
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La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco y que carece de valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron, con toda naturalidad, esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). La imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de Cuaresma hasta el siglo V en Alemania, y luego pasó a Italia en los siglos XII-XIII. Y tiene un significado muy profundo.
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Reconocemos que somos polvo, que somos pasajeros, que se los lleva el tiempo, como el viento hace con el polvo. De nuestro cuerpo, de nuestro polvo, sólo el espíritu o alma permanecerá; ese espíritu nuestro irá a Dios. Para ese encuentro con el Padre nos estamos preparando durante toda la vida.
El rito de la ceniza - acompañado del ayuno y la abstinencia- manifiesta el propósito de caminar decididamente hacia la Pascua. Ese recorrido pasa por la Conversión y la Penitencia. San Pablo nos exhorta a dejarnos reconciliar con Dios y Jesús, nos enseña que la oración, el ayuno y la limosna deben nacer en nuestro corazón y no aparentar una simple práctica exterior.
De donde viene la ceniza?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII.
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra.
Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Sagrada Escritura, cuyo significado, evoca con fuerza la condición humana: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás" (Génesis 3, 19). Estas palabras recuerdan la caducidad de la existencia e invitan a considerar la vanidad de todo proyecto terreno, cuando el hombre no funda su esperanza en el Señor. La segunda fórmula: "Convertíos y creed el Evangelio" (Mt 1, 15) indican cuál es la condición indispensable para avanzar por la senda de la vida cristiana: se requieren un cambio interior real y la adhesión confiada en la palabra de Cristo
Una oportunidad para renovar el corazón.
Sería bueno que al examinar nuestras vidas cambiáramos radicalmente en aquello que más débiles andamos. En actitudes dentro de la familia: de estar siempre peleando o riñendo a buscar la reconciliación y la comprensión; de ser envidiosos y resentidos, a ser generoso
s y compasivos. En una palabra, que nuestra vida realmente refleje el espíritu amoroso, compasivo, flexible y abierto que nos demostró Jesús.
Acerquémonos a recibir las cenizas con humildad, reconociendo que somos pecadores pero también que la misericordia de Dios no tiene límites.
Ojalá todos los colombianos vivamos una verdadera experiencia de conversión y de profunda reconciliación con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con Dios, para que podamos vivir la paz verdadera.
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